Irene Gean, aspirante a piloto comercial

Hoy en Va de Aviones nos sentamos con alguien muy especial, alguien que ama la aeronautica tanto como nosotros. Irene Gean, aspirante a Piloto Comercial y nacida en Castellón.

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La primera vez que subí a un avión fue a los 6 años, era un vuelo corto LEVC-LEIB, estaba súper emocionada. En la cola de embarque se oían comentarios de otros primerizos: “pero, ¿esto volará?”, mientras yo pensaba para mis adentros: ”..va a ser como el Dragon Khan”.

Al entrar vi de refilón la cabina (tenía tantos botones y lucecitas!), me senté en el asiento de la ventana y lo de fuera parecía una película, todo lleno de personas subiendo maletas, coches con carritos de un lado a otro. Yo estaba en mi salsa! Y mi madre, la pobre, aguantándome al lado.
El comandante informó del despegue, me agarré al asiento y me dejé llevar. Era tan increíble, estábamos a un palmo del suelo, y subíamos y subíamos. Y el suelo, cada vez más pequeño. Solo me faltó levantar las manos y gritar: yuuuupiiiiii! Lo recuerdo con tanta ilusión. No me lo acababa de creer, ¡¡¡¡ estaba volando !!!!

Creo que aquel día, sin ser muy consciente de ello, al bajar de ese avión, decidí que iba a ser piloto.

Desde entonces hasta ahora, que estoy haciendo mi sueño realidad, he tenido la suerte de viajar a diferentes países, y siempre, en cada avión al que me he subido he tenido el mismo pensamiento: “quiero ir delante del todo, yo quiero volar”.

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Cuando la gente me pregunta qué estudio, y respondo que me estoy formando como piloto comercial siempre me dicen lo mismo: “¿y eso?, ¿de dónde te viene esa inquietud?, que atrevida y valiente, además siendo mujer, que no tengo nada en contra, pero se ven tan pocas..” . Y yo siempre respondo lo mismo: “ la vocación! eso me hace ser capaz, y mujeres poco a poco hay más!”

Pero mi contestación esconde tantos sentimientos.. ”esa inquietud me viene de la velocidad, de lo que se siente cuando llegas a Vr y tiras el morro arriba, y pam! VUELA! Esa sensación de “nosequé” que “queseyo” que “comomegusta”. Eso es para mí volar. Todo. Adrenalina, responsabilidad, preparación, prudencia, riesgo, actitud, decisión. Tranquilidad. Es el mejor regalo que me ha hecho mí madre, el sueño de mi vida. Entender, descubrir, aprender, como una mole de toneladas puede ir tan rápido, tan alto. Yo quiero ser piloto por qué lo que mejor me hace sentir es estar ahí arriba, sentir la libertad al máximo exponente. Donde poder nadar en el cielo y donde un poquito más abajo me espera todo un mundo de posibilidades”
Desde que empecé mi formación (actualmente estoy en el tercer curso del Grado de Piloto Comercial y Operaciones Aéreas del CESDA), he vivido grandes momentos tanto en vuelo como en tierra.

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La primera vez que tuve que repostar sola, “pero ¿firmo yo?, que nervios!“, y entonces escuchar de fondo: “Irene, pon los calzos!”. Las miles de veces que he bajado al hangar y he cogido todo menos la maleta del avión! O las veces que, con todo listo, leer la check-list y darme cuenta de que no había sacado las llaves!. Por no hablar de los bolis que he perdido desde que empecé mis vuelos! Han sido tantas las anécdotas, y esto sólo ha comenzado!

El día de mi suelta, por ejemplo, lo recordaré siempre. Cuando mi instructor me dijo: “Confío en ti. Tú, ¿confías en ti?” y claro, qué le iba a decir! “confío en ti y si tú me ves preparada, ¿por qué no?”. Lo cierto es que tenía tantas ganas como miedo, pero cuando me vi sola en el holding point con todo listo, me dejé llevar y disfruté más que nunca. Al aterrizar y llegar a Operaciones vi mi coche repleto de globos, una amiga me estampó una tarta en la cara. El mejor t@rtazo de mi vida!!!

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Recuerdo con mucho cariño el primer routing que hice hacia Castellón. Pasé por Torreblanca, el pueblo donde vive mi abuela (quien zarandeaba una toalla desde la terraza de casa para que la viese), al llegar a Castellón, librando la zona restringida por NOTAM, mi madre también me vio. Me sentía tan grande. Me hizo muchísima ilusión poder sobrevolar mi tierra, mi casa.

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No todos los vuelos han sido tan buenos, echando la vista atrás al inicio de mi instrucción, recuerdo lo desmotivada que iba a los primeros vuelos de maniobras. Sólo de pensar que tenía que aproximarme a la pérdida temblaba. Mi cuerpo aún no estaba acostumbrado a esa sensación, no conocía los límites del avión. Ahora cuando lo pienso me da la risa. Mi cuerpo se ha adaptado a estar en el aire. Supongo que al tener más conocimientos sobre la aviación y más manejo del avión mi confianza ha aumentado.

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Cuando no me da la risa, es al recordar mi triangular como SOLO (LERS-LEPP-LEDA-LERS), el día no acompañaba demasiado y a la vuelta lo pasé realmente mal. Había viento, con una DA20-100 os podéis imaginar los resaltos como se notaban. Tuve la sensación de que iba a ser mi último vuelo. Pero cuando conseguí hacer que el avión dejase de balancearse cual papel, vi que tenía más capacidad de afrontar situaciones adversas e inesperadas de la que creía. El miedo por mi poca experiencia no había podido conmigo sino todo lo contrario. Al superar la situación me sentí realizada y la anécdota quedó en un chute de motivación para futuros vuelos.

En este momento he terminado las horas de monomotor avanzado, volando una PA28R. Es un avión “especial”, nada que ver con las DA20-100 y DA20-C1. Al principio fue un reto, acostumbrada a lo ligeras que eran las Diamond, aterrizar haciendo bien la recogida o conseguir mover el compensador (trim), era todo un mundo. La verdad es que voy a echar de menos volarla.
En unos días empezaré la última fase de mi instrucción, con la DA42NG. Volar con Garmin 1000, con dos motores. Volar más alto. Tengo muchas ganas de comenzar esta etapa, de aprender.

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Estos años han pasado demasiado rápido y cada vez queda menos para que mi sueño se convierta en una realidad. Me esperan unos meses duros, pero nada que no se pueda conseguir con esfuerzo y voluntad.
La verdad es que mi carrera es muy diferente a las demás. Tengo la oportunidad de hacer algo único, muy vocacional. Algo que se tiene que sentir. Aunque en las películas parezca simple volar, no lo es. Requiere una preparación previa, un seguimiento continuo de cada fase. No sólo son botones que se aprietan..
He tenido la gran suerte de haber sido asignada con 3 instructores desde que empecé. El primero actualmente está en Vueling, el segundo (quien me dio la suelta) ahora ocupa un cargo importante dentro del CESDA y la tercera, aparte de ser mi instructora es también la CFI.

Los tres me han inculcado valores muy bonitos sobre esta profesión. Tanto ellos como los demás instructores con los que he volado o he hecho clase.
Cada día aprendo algo nuevo. Nada me aburre, hay cosas que me gustan más o me gustan menos, pero todo es útil.
Es realmente bonito conocer personas a quienes les transmite la aviación tanto como a mi.

Irene

Pues esta es Irene, una apasionada de la aviación que estamos convencidos en breve veremos a los mandos de un avión comercial.

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