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“LADY LEX” LOCALIZADA 76 AÑOS DESPÚES

El 8 de Mayo de 1942, el USS Lexington (CV-2) junto con su grupo de combate y acompañado por el USS Yorktown (CV-5) patrullaba las aguas del Mar del Coral, en la costa este de Australia con el objetivo de frenar una posible invasión japonesa del continente isla. El día anterior había sido muy fructífero, pues los aviones de reconocimiento del grupo de combate americano habían localizado a parte de la flota japonesa. Rápidamente, los aviones de ataque del Lexington salieron en su busca y acabaron hundiendo al portaviones ligero Shōhō y derribando ocho aviones japoneses, que pertenecían al grupo de los portaviones Shōkaku y Zuikaku, buques gemelos y ambos implicados en el ataque a Pearl Harbour el 7 de Diciembre de 1941. El Shōhō fue el primer portaviones japonés hundido en la Segunda Guerra Mundial.
A la mañana siguiente, un avión de reconocimiento del Lexington localizó al Shōkaku junto con su escolta, inmediatamente un grupo de bombarderos fue lanzado desde el Yorktown, atacando al buque japonés y dejando severamente dañados su cubierta y hangares. Esté no fue el final del Shōkaku, ya que consiguió llegar a puerto y ser reparado. Finalmente, el 19 de Junio de 1944 sería hundido en la batalla del Mar de Filipinas por el submarino americano USS Cavalla (SS-244).
Todo parecía de cara para la flota americana esa mañana de Mayo pero pronto empezaron a torcerse las cosas. La flota japonesa aún tenía algo que decir y sobre las 11:00 PM el Lexington fue alcanzado por dos torpedos, provocando su retirada del combate. En ese momento fue atacado por varios bombarderos en picado, recibiendo varios impactos directos y produciendo que el buque se escorase a babor. Milagrosamente, la tripulación consiguió controlar los daños, incluida una explosión interna, permitiendo a las aeronaves que habían participado en los ataques de la mañana recuperarse en el portaviones mientras se dirigía a puerto a una velocidad reducida. Desgraciadamente, una serie de explosiones internas provocadas por la acumulación de gases inflamables provenientes de las grandes cantidades de combustible de aviación derramado al dañarse los tanques de almacenamiento tras los ataques japoneses dieron el golpe de gracia al Lexington.
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Sobre las 03:30 PM, el Capitán Frederick Sherman ordenó abandonar la nave, siendo este y su segundo oficial los últimos en abandonar el Lexington después de que todos los hombres fueron puestos a salvo. Finalmente el Lexington fue hundido deliberadamente por dos torpedos lanzados desde el destructor americano USS Phelps (DD-360), para evitar que su casco cayera en manos japonesas. En esta batalla, el Yorktown también fue dañado, pero a diferencia del Lexington consiguió escapar y llegar a Pearl Harbour. Los japoneses no consiguieron contactar de nuevo con él, por lo que lo dieron por hundido, un error que posteriormente resultaría fatal para la flota japonesa en la batalla de Midway.
La batalla del Mar del Coral fue el primer combate naval en el que los buques que se enfrentaban no tenían contacto visual uno con otro, siendo los grupos de aeronaves embarcadas los que llevaron a cabo los combates. Además, el Lexington fue el primer portaviones de los considerados de gran tamaño hundido durante la Segunda Guerra Mundial.
Y esta es la historia del último día del USS Lexington, olvidado desde entonces en las profundidades del océano Pacifico… hasta ahora. El pasado 4 de Marzo, el buque de exploración marítima R/V Petrel, propiedad del multimillonario Paul Allen, cofundador de Microsoft, dio con el pecio del portaviones a unos 900 kilómetros de la costa australiana y a unos 3000 metros de profundidad. El señor Allen es un gran aficionado a la historia militar, especialmente de la Segunda Guerra Mundial, y a la arqueología submarina y este es el tercer gran hallazgo del equipo que dirige.
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En 2015 localizaron a unos 1000 metros de profundidad en el mar de Sibuyan el acorazado japonés Musashi, buque insignia y orgullo de la Marina Imperial. Este, junto con su gemelo, el Yamato, fueron unos de los buques más avanzados tecnológicamente de la historia y los acorazados de mayor tamaño y desplazamiento jamás construidos. Tal era su tamaño (260m), que después de la derrota japonesa en Midway en 1942, se suspendió la construcción como acorazado del tercer buque de la clase, el Shinano, y se reconstruyó como portaviones (curiosamente al Lexington le ocurrió algo parecido).
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El otro gran hallazgo del equipo de Allen se produjo el año pasado en el Mar de Filipinas, donde a 5500 metros de profundidad hallaron los restos del crucero pesado USS Indianápolis (CA-35), conocido por ser el buque que transportó desde Estados Unidos el material fisionable que posteriormente sería utilizado en la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. También fue la última unidad de superficie americana hundida durante la Segunda Guerra Mundial, en este caso a manos del submarino japonés I-58 la noche del 30 de Julio de 1945, cuando después de entregar su preciada carga en la Isla de Guam se dirigía al Golfo de Leyte para realizar unas maniobras de entrenamiento previas a la invasión de Japón. De los 1196 tripulantes del Indianápolis, 880 sobrevivieron al ataque y consiguieron abandonar la nave, pero su rápido hundimiento y además de forma escorada impidió desplegar la mayoría de los botes salvavidas. Inexplicablemente, nadie se percató de que el Indianápolis no llegó a su destino en la fecha prevista. La mañana del 2 de Agosto, un PV-1 Ventura de patrulla antisubmarina descubrió por casualidad los restos del naufragio y lo notificó a su base. Hasta que no redujeron su altitud no descubrieron que se trataba de un naufragio y a punto estuvieron de lanzar cargas de profundidad confundiendo la mancha de combustible y los restos con un submarino japonés. Un PBY Catalina fue enviado a la zona y al ver la dramática situación y desoyendo las órdenes del mando americano amerizó y salvó a 56 tripulantes.
No fue hasta la noche cuando el destructor USS Cecil J. Doyle (DE-368) llegó a la zona del naufragio, para ese momento solo quedaban 316 supervivientes de los 880 marineros que sobrevivieron al ataque del submarino japonés, 400 de ellos devorados por los tiburones.
Estos han sido los tres descubrimientos más importantes del equipo, pero en los últimos dos años han localizado otros tres buques más: el USS Ward (DD-139), el USS Astoria (CA-34) y el destructor italiano Artigliere. También recuperaron la campana del HMS Hood, que ahora preserva la marina británica. Sin duda el señor Allen y su equipo realizan una labor impagable localizando estos pedazos de nuestra historia en el fondo del mar, ya que difícilmente ningún gobierno invertiría el tiempo y el presupuesto suficientes para llevar a cabo estos descubrimientos. Incluso cambiaron su primer barco de exploración, el M/Y Octopus, por el R/V Petrel que hemos comentado anteriormente, un buque modificado especialmente para la exploración oceánica y la localización de barcos de guerra y otras piezas históricas como aeronaves.
Encontrar el Lexington les llevó seis meses, aunque como Robert Craft, director de operaciones del equipo, ha dicho: “El Lexington estaba en nuestra lista de prioridades porque fue una de las naves más importantes de las perdidas durante la Segunda Guerra Mundial “. Toda una suerte para los aficionados a la historia el que exista alguien así.
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Hemos hablado un poco de historia y de la labor de Paul Allen y su equipo, así que ahora toca hablar de lo nuestro, ¡los aviones! Y es que sin duda una de las partes más increíbles del hallazgo del USS Lexington es que entre los restos del naufragio se han localizado nada más y nada menos que once aeronaves en unas condiciones de conservación casi perfectas. Para ser exactos hablamos de siete Douglas TBD-1 Devastator, tres Douglas SBD Dauntless y precioso Grumman F4F-3 Wildcat, en el que aún se aprecian perfectamente en el fuselaje las marcas de derribo y bombardeo y el emblema del gato Félix perteneciente al escuadrón VF-3 de la US Navy.
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Aunque en la actualidad existen bastantes ejemplares de Wildcat y Dauntless conservados en museos e incluso en estado de vuelo, no ocurre lo mismo con el Devastator, del que no existe ningún aparato conservado. Existen cuatro ejemplares accidentados localizados en todo el mundo, dos en las Islas Marshall, en concreto en laguna del atolón Jaluit, uno en Mission Beach, California y un cuarto cerca de Miami. La recuperación de estos aparatos está actualmente parada, por eso, muchos aficionados a la aviación histórica se emocionaron al ver el pasado lunes las fotos publicadas por el robot submarino del R/V Petrel, ya que, como hemos señalado antes, todos los aparatos encontrados entre los restos del Lexington se encuentran en unas fantásticas condiciones de conservación tal y como se puede apreciar en las imágenes.

TBD-1 sobrevolando la Isla de Wake, 1942
A todos nos gustaría que esos aviones fueran recuperados, pero desgraciadamente este no es el objetivo de la misión realizada por el equipo de Allen, sino simplemente encontrar el Lexington y rendir homenaje a los hombres que sirvieron en él. Además, realizar una operación de rescate es una tarea prácticamente imposible, no solo por la extrema complejidad de elevar los aviones desde una profundidad de 3000 metros, sino también por el astronómico coste que esto supondría, ya que habría que crear maquinaria y utillaje especializado y un habitáculo en el buque de rescate para aplicar un tratamiento anticorrosivo a los aviones, ya que si no, al ser sacados del agua y entrar en contacto con el aire, sufrirían un proceso de oxidación extremo que prácticamente reduciría el metal en una montaña de óxido. Todo esto sin tener en cuenta el espinoso asunto de la propiedad de los aparatos, pertenecientes en teoría al Gobierno de los Estados Unidos pero localizados y “recuperados” por un buque con equipo y capital privado. Todo esto nos hace pensar que por el momento estas aeronaves tendrán que seguir descansando en el fondo del Océano Pacífico por un largo periodo de tiempo.
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